U.S.M. Primera Prueba Redacción I. ACENTUACIÓN
viernes, 8 de enero de 2016
IDOLATRÍAS / POR: GABRIEL RODRÍGUEZ @GABÓGENO
Idolatrías
Hoy día conocemos como
Palacio Federal Legislativo, al inmueble que resguarda el anfiteatro, en el que
centellean las ideas de quienes en teoría, son los pensadores más ilustres de
nuestro país.
En primer lugar,
visualicemos un Poder Legislativo pluralista, donde convergen cívicamente múltiples
pensamientos e ideologías, aquellos que separan las naciones del Primer Mundo,
de las subdesarrolladas, y no, la absurda confinación bipartita que hoy día nos
obnubila como república.
Que cada dueño de su
curul, colocase en la solemnidad de este espacio, una imagen de cada uno de los
“líderes” de sus movimientos ideológicos. Mayor majadería. El hemiciclo
convertido en un álbum de barajitas coleccionables. La necrolatría hecha
edificación. Lenin, “El Che” Guevara, Stalin, Mao, Marx, Hitler, Lincoln,
Churchill, Thatcher, Betancourt, en fin, un
mausoleo.
¿Cuál es el drama con los
cuadros? No debería haber un cuadro de Chávez en el hemiciclo, por la misma
razón que no debe haber uno de Carlos Andrés Pérez o de Rafael Caldera. No
debería haber un cuadro de Nicolás Maduro, por la misma razón que no debe haber
uno de Capriles Radonski o de
Leopoldo López: Pues la naturaleza de este lugar, no se forjó para tal fin.
El actual presidente de Costa
Rica, Luis Guillermo Solís —académico izquierdista— propuso una normativa en la
cual prohibía su retrato colgado en oficinas de gobierno. Se desconoce si se
ejecuta a cabalidad, pero referencia al deber ser.
¿Qué ocurre en el caso de
la imagen del Libertador? Activemos la balanza: En una bandeja coloquemos una
imagen que arroja un software de diseño, del rostro del Libertador a través de
un proceso de reconstrucción facial en tercera dimensión; Y en la otra bandeja,
un cuadro pintado por los artistas más conspicuos de Venezuela, incluyendo uno,
en donde el mismísimo Bolívar posó para su elaboración. Acudiendo a su patriotismo
¿Hacia dónde inclinaría su balanza?
Y es que la egolatría,
nos invadió de golpe. Un país en donde algo común es igual a algo normal
—asunto que constituye para quien escribe, el génesis de toda nuestra
hecatombe— se convierte en un país de libertinaje, palabra muy distinta a
libertad.
Pero la pregunta es ¿En
qué ayuda un cuadro de equis persona en el hemiciclo de la Asamblea Nacional? Efectivamente:
en nada.
“El enano ve gigantes por
todas partes” Proverbio Alemán.
Rodríguez
Rodulfo, Gabriel R .
@Gabo_Rodríguez3
sábado, 26 de septiembre de 2015
¡FELIZ DÍA CONTADOR PÚBLICO! / POR: GABRIEL RODRÍGUEZ @GABÓGENO
Desde
tiempos muy remotos, el hombre empezó a necesitar de técnicas para el registro
y control de sus propiedades, pues se percató de que su memoria no cubría la
información demandada. Los avales históricos demuestran, que ya en las culturas
egipcia y romana se soportaban y almacenaban operaciones de naturaleza
crematística. Fue entonces cuando se iluminó el mundo comercial con la
aparición de la contabilidad.
La
primera huella contable impresa en la literatura data de 1494, cuando el fraile
franciscano ‘Fray Luca Bartolomeo de Pacioli’ ‘Luca di Borgo San Sepolcro’,
matemático y economista italiano, publica su obra “La Summa de Arithmética, Geometría Proportioni at Proportionalitá”,
en donde se aprecia por primera vez el concepto de partida doble. Trabajo que
aunque titulado en latín, contiene la primera obra matemática impresa en lengua
romance.
Para
algunos un arte, para otros una ciencia, el hecho es que la contabilidad es una
técnica que se encarga de clasificar y registrar las operaciones de un negocio,
con el fin de dilucidar sus resultados. Los dueños y gerentes acuden a la
contabilidad para vislumbrar el rumbo de sus negocios. Estos registros muestran
la solvencia y estabilidad de una organización, derechos, obligaciones, compras,
ventas, costos, gastos, tributos, y otros.
De
estos indicadores nace el Contador Público. En Venezuela, se identifica al
gremio y a su Federación de Colegios con el místico caduceo, símbolo mitológico
que venera la astucia de las serpientes. El Contador Público es considerado el más
expedito asesor de negocios, que trata de traducir a los ejecutivos de las
empresas, a través de los Estados Financieros, el peculiar lenguaje de las
cuentas.
Dada
la envergadura del Contador Público, este debe poseer además de todo el
conocimiento ad hoc, estándares superlativos
de ética profesional, marcados en una ristra de principios inexorables, como la
objetividad, disciplina, confidencialidad, actualización e integridad.
La
crisis económica mundial exhorta al Contador Público, a un volitivo y constante
proceso de ampliación de horizontes. En nuestro país, además de a la
estandarización internacional de la información financiera, esta figura se
enriquece al mutar en metamorfosis inflacionarias, fiscales, jurídicas,
pecuniarias, punitivas, y a un acervo de habilidades que medran su perfil, y lo
catapulta al pináculo de las profesiones comerciales, constituyéndose en
baluarte del desarrollo económico del país.
En
Venezuela, un conjunto de profesionales contables erigieron la Ley del
Ejercicio de la Contaduría Pública, aprobada por el Poder Legislativo, y
publicada en Gaceta Oficial Nº 30.216 el 27 de septiembre de 1973, quedando así
convenida la fecha aniversario de este celebérrimo gremio profesional.
Lcdo. Rodríguez Rodulfo,
Gabriel J.
@gabo_rodríguez3
Gabógeno
gabogeno.blogspot.com
Puedes
hallar el artículo en:
http://www.elnorte.com.ve/feliz-dia-contador-publico-por-gabriel-rodriguez/
Y
deja tu sugerencia, crítica o sano comentario.
miércoles, 15 de julio de 2015
¿Felices
o “antiparabólicos”?
Hace
pocos años, hojeaba un libro de records que daba a Venezuela como “el país más
feliz del mundo”. Entusiasta, acudí a las bases de cuantificación, en aras de
regodearme en el logro de mi gentilicio. Pero al terminar mi investigación,
solo hallé una supina pesadumbre. Ese día entendí, la ambigüedad del término
“felicidad”.
Según
Christopher Gardner, la felicidad es una consecución de pequeños momentos de
alegría –palabras más, palabras menos–, adicionan otros filántropos, que la
felicidad no está en el final, sino en el camino.
Reflexionando
sobre el record citado al principio me pregunto: ¿Cómo puede el venezolano ser
feliz? En un escenario tan “psicópata y psicopatógeno” ¿Será lo mismo ser
“feliz”, a ser “antiparabólico”? El desdén, la bartola, el desinterés, o lo que
suelo llamar “Bolalhombrismo” ¿Son parte de la “felicidad”? O peor aún, ¿Será que a mí me cuesta ser
feliz?
No
me es posible ser feliz, cuando veo hermanos abatidos por el hampa, ni cuando
veo los índices de abandono estudiantil, mucho menos cuando la zozobra convierte
a mis coterráneos, en fugitivos inocentes esparcidos por el mundo.
No
me hallo en la felicidad, cuando el desempleo agobia al país, menos aún, cuando
la impunidad es la sentencia general de todo lo fiado por el poder jurídico. Aunado
a lo anterior, la depresión que me produce ver al país de Vargas, José Gregorio
Hernández, Convit y Fernández-Morán, sumergido a uno de los aparatos de salud
más deplorables del continente.
Me
imposibilita ser feliz, ver que la inflación está en la cima –experimentando hiperinflación
y estanflación– y el poder adquisitivo junto a la calidad de vida se incrustan
al subsuelo. Me invade la melancolía cuando en los semáforos, niños rodean el
coche pidiendo dinero y sus manitas quedan tatuadas en los vidrios con la tinta
indeleble de la necesidad.
Me
aborda un halo taciturno, cuando derredor observo el auge de embarazos
prematuros, desnutrición, insalubridad, hacinamiento carcelario, criminalización
de la protesta, censura, corrupción, deterioro educativo, propagación de
antivalores y pare de contar. Me da un vacío estomacal, que el “pan nuestro de
cada día”, nada más se consiga en las líneas de la benedicta oración, pues
aquel país del “te lo tengo”, es ahora la patria del “no hay”.
Mi
alegría se cohíbe, al ver que los poderes públicos actuales, son la abominación
más conspicua de la historia republicana de Venezuela, rendidos y sumisos a
radicalismos, colores y precios, además carentes de lo más sublime de su razón
de ser: la probidad.
Por
eso hoy recuerdo la lectura de aquel texto y me pregunto ¿De cuál felicidad hablaban
aquellos redactores? ¿Se habrán equivocado de país, de sentimiento o de
perspectiva? Quedarme exánime ante una situación, no es mi prototipo de felicidad.
Rodríguez R. Gabriel J.
@gabo_rodríguez3
También
en el web-site del @DiarioElNorte:
domingo, 5 de julio de 2015
Un país, una esperanza
Una de las
cualidades más subversivas que bien ha sabido fortalecer esta vorágine de aparato
politiquero, es ese hipnotismo basado en atar obligaciones morales al pueblo: adjudicación
de viviendas –sin títulos de propiedad– , asignación de empleos –sin derecho a libre
albedrío–, deshonrosos sistemas de control en distribución de productos de la
cesta básica, creación cuerpos de seguridad y autoridades con un gasto público
multimillonario –sin que mermen los indicadores delictivos– adornando las
páginas de los rotativos nacionales –los pocos que quedan– de imágenes imborrables,
en donde la sangre se derrama con tanta frecuencia, que propaga una pesada
condición de normalidad. Ya la esperanza que para muchos fue este proyecto, se
esfumó cuando se tergiversaron sus principios.
Tú, servidor público, piensa que harás con tu cédula
este seis de diciembre en los comicios parlamentarios; Usted, abuelo de la
patria, que registra en sus sienes la historia de este hidalgo país, consulte
bien que hacer detrás del paraban de votación antes de presionar su opción de
preferencia. Mujer y madre luchadora, que viste depauperar tu calidad de vida y
por ende la calidad de educación de tus hijos, cree en ti, cree en la
reconciliación, cree en la tolerancia, ten fe, dale un permiso a la vida, que
ya se nos está escapando de las manos. Tú, estudiante universitario, que fuiste
carnada de los más espeluznantes experimentos ideológicos, analiza, está en tus
manos decidir el futuro en el que vas a vivir, dale el peso que merece tu carrera
y a la postre tu título, no te dejes colocar precio, tu conciencia es
invaluable, pero cuanto significa. No eres un voto amigo, eres una persona,
valórate y siéntete así.
Pero sobre todo Venezuela avívate, sal y vota, no te
abstengas. No olvides la cuantía y calidad de tus dones. No mereces elegir
entre la nada y las migajas como opciones. Recapacita, llénate de buena vibra,
colabora con el rescate, y cuenta mañana a tus nietos, que fuiste un granito de
arena valioso, en la reconstrucción de este, nuestro hermoso país.
Cerciórate que cuando la maquina te imprima ese papel,
estés aportando a las urnas un antídoto, y no más veneno. Cuando gires en la
herradura cerca de tu mesa de votación, imagina que vas dejando atrás el peso
de sentirte culpable, por la responsabilidad de seguir adelante reconstruyendo los
sueños que quedan de patria. El voto, no se guarda, no genera intereses y fuera
de contienda, no vale nada.
Hay un sector no radical que cuenta con tus ideas y potencial, para sacar adelante a nuestro terruño,
pues tus ideas son solo ahora una luz, pero mañana serán soluciones, que asistirán
a todos y cada uno de los venezolanos
sin importar color, porque Venezuela, somos todos. Señores, el día que perdamos
la fe, se habrá perdido todo. Adelante.
Rodríguez R. Gabriel J.
@Gabo_Rodríguez3
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este artículo, en el portal del rotativo regional @DiarioElNorte en el
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¡Yo no voto por diputados!
De los mismos
creadores de “Yo no me preocupo por el precio del dólar, pues yo pago en
bolívares”, nos llega en horas de comicios parlamentarios la máxima: “No, yo no
voto por diputados, yo voto solo por presidente”; Gastada costumbre venezolana,
de dar poderes taumatúrgicos a un solo sujeto, fomentando lo que los
politólogos denominan “Hiperpresidencialismo”, es decir, esa figura mesiánica
que al hartazgo he citado en artículos anteriores.
El aparato
vertebral bajo el cual se rigen el Estado y por ende la nación, está
constituido por cinco poderes a saber: ciudadano, electoral, judicial,
legislativo y ejecutivo. La simbiótica de este neurálgico compendio, en teoría,
debería garantizar la viabilidad para mitigar las necesidades básicas de una
sociedad. La probidad, la imparcialidad ideológica, más la diversidad de
criterios en los intríngulis de estos curules, son condiciones sine qua non
para que el progreso y la prosperidad ciudadana alcancen a las mayorías.
La visión de la Asamblea
Nacional como institución reza: “Ser un Poder Legislativo Nacional,
democrático, protagónico, pluricultural y descentralizado, que consolide los
valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien
común, la integridad territorial, la convivencia y la pertenencia de las leyes
para ésta y las futuras generaciones”
Pero, ¿Donde
yace la importancia de las elecciones parlamentarias? Pues en que bajo esta
cúpula dorada, debería determinarse –en forma de proyectos– el buen funcionamiento
del estado de derecho, la independencia de los poderes públicos –sin
genuflexiones radicales entre ellos– y la provisionalidad de los distintos funcionarios,
asuntos que contrarrestan la depauperación de la democracia.
En los países
desarrollados el rol del poder legislativo es preponderante al poder ejecutivo,
pues la gama variopinta de discernimientos sesudos que pueda hacer vida en
estas instancias, tiene el poder de mejorar o vejar, aprobar o rechazar, las
ideas o pretensiones, que cualquier otro poder pretenda instaurar. Las
aprobaciones tomadas en el hemiciclo, son las garantes de la fiscalización,
seguimiento y auditoría de prácticamente el resto de los poderes.
Por eso hay que
procurar entender en lo que se incurre cuando se espetan sentencias de tal
envergadura. Deténgase a reflexionar, antes de soltar el “Yo no voto por
diputados”, cuáles son las consecuencias de su desidia y desinterés.
Y si
lamentablemente ha optado vegetar, en el infame estatus de ser un “ni-ní” –o no
votante– recuerde que bien es cierto, usted está en su derecho de no apoyar “ni”
a uno “ni” a otro, pero no es menos verdad que al entrar en los márgenes de
abstención, no tendrá moral –si es que le estremece esta palabra– “ni” para
opinar, “ni” para quejarse.
Rodríguez R. Gabriel J.
@gabo_rodríguez3
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